No toques mi maravilloso tesoro…

10 octubre, 2011


Eh! tú… sí, a tí. Te lo dije el otro día y te lo vuelvo a decir. Eres un bocazas.

Me importa un pepino si tus padres no te han dado la educación que mereces, seguramente les importe un bledo en qué matas las hora del día… pero no vuelvas a insultar al grupo de chavales con discapacidad, capullo!. Ya sabes quién eres. Ya sabéis quienes sois.

Te sientes grande a costa de los débiles, y te ríen las gracias, pero acabarás solo… y eso tampoco me importa. Tienes el cerebro del tamaño de un cacahuete y solo te sirve para pensar en cómo joder a los chavales con síndrome de Down y sujetar un cigarro para hacerte el más fuerte.

Entérate lo que es la fuerza de verdad, mediocre. Fortaleza es la de un padre que lucha porque su hija tenga una vida digna a pesar de gentuza como tú. La fortaleza de aquél que remonta un cáncer o de quien se bate con una depresión. La fortaleza de aquél que se sabe en la calle pero pelea por sacar adelante a sus hijos y que no se enteren.

Te llegará y no sabrás reaccionar… pero eso tampoco me importa.

Es lo que tiene la libertad de expresión, chaval.  Vive con eso. Es lo que tiene ser independiente de siglas, de etiquetas, de no tener que aparentar por el qué dirán.

No toques mi maravilloso tesoro, desgraciado.

Íñigo Alli

4 Responses to “No toques mi maravilloso tesoro…”

  1. Mariano Oto Says:

    Querido Iñigo,

    Hace solo unos meses que nos conocemos pero sabes perfectamente cuánto te aprecio.

    A pesar de nuestras discrepancias, hemos sabido trabajar juntos para crear un hermoso proyecto y esta experiencia, al menos para mí, está resultando muy enriquecedora.

    Pero hoy tengo que decirte de nuevo que no estoy completamente de acuerdo contigo:

    – Es atrevido juzgar la educación que ha recibido ese chaval; tú, yo y todos hemos sido adolescentes y el proceso de creación de la propia personalidad, muchas veces difícil y doloroso, lleva en ocasiones a enfrentarse frontalmente a los valores inculcados por la familia… el afán de popularidad puede llevar a episodios tan tristes como el que nos has relatado y que me hace estremecer.

    – En cuanto a la capacidad intelectual del joven, también resulta aventurado, quién sabe si cuando pase esta difícil etapa no se convierte en un hombre hecho y derecho, comprometido y con valores definidos y él mismo se sonroja al recordar esta parte de su vida.

    – Entiendo tu indignación con estos hechos y la hago también mía… y seguro que de cualquiera con un mínimo de sensibilidad pero creo que no debe ser esta tu lucha: tu capacidad, sensatez e indudables valores hacen que no debas entrar enfrentarte a un “cabritillo”, tú estás preparado para lidiar al verdadero “miura”: educar a la sociedad en el respeto, la tolerancia y el reconocimiento de la dignidad de aquellos que tienen capacidades diferentes.

    No me gustaría que te enfadases conmigo por este comentario, pero ya sabes que, como tú, soy independiente y creo que en este momento también tu opinión será diferente a la de aquel día.

    Te rogaría matices tus afirmaciones una vez que se te ha pasado tu justa indignación: ni capullo, descerebrado, mediocre, ni desgraciado… solo cuéntale que él no ha tenido ningún mérito por nacer en una sociedad avanzada, en una familia con capacidad económica y teniendo todas sus capacidades… y que nuestros niños no tienen la culpa de que la naturaleza les “penalice” con sus pequeñas limitaciones.. algún día lo entenderá… espero.

    Un abrazo con todo mi cariño y admiración.

    Mariano Oto.

  2. ppp Says:

    A veces hay que decir las cosas como son. Recibirás comentarios en contra, pero hay cosas en las que no se puede ceder. La dignidad y la justicia hay que pelearselas cada día y en algún momento toca con indeseables que, teniendo también sus derechos y dignidad, son mala gente y alguien se lo tiene que decir. En esos casos lo políticamente correcto no ayuda a transformar la realidad. MLK decía que, cuando analicen con el tiempo nuestro siglo, no se sorprenderán de las atrocidades que se han cometido, sino de que la gente, la mayoría que es buena gente,no se hubiera revelado contra ellas.

  3. Ana Says:

    Iñigo,

    Te lo comentaba en el blog bis que tienes en sindrome up; es lo que más miedo me da, que a mi hija la califiquen por lo que parece y no por lo que es. Y sé que tendré que escuchar barbaridades, aunque no a cualquier precio.

    Pero también tengo que darle parte de razón a Mariano: no debemos alterarnos porque un burro no sepa lo que tiene delante, que sólo vea la fachada y no el interior del edificio.

    Todo el mundo debe tener la oportunidad del “mea culpa”, y a lo mejor el tontaina que tuvo la ignorancia de calificar sin conocer puede un día encontrarse con la verdad de frente.

    Y posiblemente, ese día, se de cuenta de la tontería que hizo en su momento.

    Cuando vivía en Sevilla, solíamos tomar con mis padres una cerveza en el bar de debajo de casa. Allí iba habitualmente un señor mayor con su hijo con Síndrome de Down, y el chaval siempre llevaba el chandal del Betis. A mí me parecía absurdo, hasta cómico. Pero a él se le veía feliz, estaba orgulloso de su uniforme, y se le veía a su padre muy contento con su hijo.

    No veas lo que me acuerdo de ese chaval cuando miro a mi Silvia🙂

  4. Alex Nuñez Says:

    Iñigo

    Te entiendo y te apoyo. Yo sentiría lo mismo. Ahora y cuando se me pasara el calentón.
    No es justo y punto. Y sí es justo que te enojes.
    Si alguien es injusto… hay que decirselo
    Si alguien es imbécil y comete un acto deleznable, también hay que decirselo.
    Vivimos en una sociedad que cada vez más intenta justificar o dar una explicación a lo que no la tiene.
    Quizas soy radical, no me importa. No me gustan las injusticias.

    Cuando eres joven, eres inmaduro pero eso no quita para saber diferenciar lo que está bien y lo que está mal. Y hay cosas que deberían ser innatas.
    A veces me averguenzo de la sociedad en la que vivimos pero se me pasa muy rápido porque hay muchos más de los “buenos” (como tú) que de los malos (como ese imbécil).

    Cuentas con todo mi apoyo y comprensión casi siempre. En este caso… también.

    Un abrazo muy fuerte


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