Las prisas son violentas. Corremos de aquí para allí. Conducimos rápido para ganar tiempo y sacamos lo peor de nosotros cuando alguien se interpone en el camino al destino al que deberíamos haber salido cinco minutos antes…

Eso no es lo malo… es el ritmo que heredarán nuestros hijos. Cambiaría si aprendiésemos a decir más veces NO, a no desestimar las horas y a premiarnos con un simple regalo: parar nuestro tiempo.

Esta semana lo he hecho. He viajado a Bruselas con 9 profesionales, padres voluntarios y 12 personas con discapacidad ["capacidades diferentes"] de ANFAS.

Antes de que me “acuses” de demagogo: las “demagogias” se llaman Vitorio, Arantxa, Bárbara, Álvaro, Ana, Bea, Carol, Pablo, Juan, Nerea, David y Olga … y han sido la mejor terapia.

¿Y sabes que me traigo?

La absoluta normalidad del trato y el cariño de unos con los otros; la naturalidad con la que explican su discapacidad, lo que les cuesta hacer más las cosas, las miradas que “padecen”…; la inocencia, la pureza, la lealtad y la gratitud de ellos hacia mí…; la evolución de algunos tras haber salido durante cuatro días de la sobreprotección de sus padres… [qué gran aprendizaje...];

Me llevo el rigor, la dulzura… el síndrome UP! que contagian la gente de ANFAS.

Pero, sin duda, me llevo las palabras de Carol [la mujer con mayor "grado de discapacidad" y más dependiente del grupo - en teoría - ...] cuando al ver la foto de Inés en mi móvil supo que mi hija tenía síndrome de Down y me dijo “es preciosa, prométeme que vas a cuidarla, te hará muy feliz…”

Me emocioné… como lo hago ahora.

Debería ser obligatorio convivir con personas con capacidades diferentes al menos 24 horas… debería ser obligatorio. Nos comportaríamos diferente. Seríamos diferentes.

PD1:  He jurado que no escribiré de política en este blog… con independencia de los “colores” lo que pido a un político es sensibilidad y compromiso. Pablo Zalba ha tenido un detalle imborrable para estas personas. Enhorabuena y un abrazo a su maravillosa gente: Carmen, Carlota y Javier. Gracias.

PD2: Sé que hay discapacidades “muy duras”, mucho más que la “amabilidad del síndrome Down”. No sé si escribiría este blog si mi hija tuviera otras complicaciones o si sencillamente hubiese fallecido al poco de nacer… solo sé que la serenidad que siento me la ha traído mi hija y quiero compartirlo contigo.

 

 

 

 

Íñigo Alli

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